La historia detrás del “Acuario del Mundo”
- mayoow2
- hace 5 horas
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Hace poco más de 55 años, el Mar de Cortés era todavía un lugar prácticamente desconocido para gran parte del mundo.
La península de Baja California ya estaba dividida administrativamente en dos partes muy diferentes. Baja California se había convertido en estado en 1952, mientras que Baja California Sur seguía siendo un Territorio Federal. Durante décadas, su escasa población y su aislamiento habían retrasado su transformación en estado, y sus habitantes aún no elegían a su gobernador, que era designado por el gobierno federal. No sería hasta 1974 cuando Baja California Sur se convertiría oficialmente en el estado número 30 de México.
Por aquellos años, Jacques-Yves Cousteau y su equipo exploraban las aguas que rodean la península de Baja California. A bordo del mítico Calypso, sus expediciones contribuyeron a mostrar al mundo algunos de los ecosistemas marinos más extraordinarios de esta región.
Uno de ellos era el de la ballena gris (Eschrichtius robustus), la única especie viviente de la familia Eschrichtiidae. Cada año, estas ballenas realizan una de las migraciones más largas entre los mamíferos: viajan desde las frías aguas del norte del Pacífico hasta las lagunas costeras de Baja California y Baja California Sur, donde se aparean y nacen sus crías.
Pero al otro lado de la península se encontraba un mar completamente diferente.
Un largo brazo de agua encerrado entre la península y el continente mexicano: el Golfo de California, o Mar de Cortés.
¿Qué tenía de especial?
A primera vista, podía parecer un mar rodeado de desierto. Pero bajo la superficie ocurría exactamente lo contrario.
El Golfo de California se extiende por más de 1,500 kilómetros y algunas de sus cuencas superan los 3,000 metros de profundidad. Su geografía, combinada con los fuertes vientos estacionales, las mareas y la circulación de sus aguas, genera importantes procesos de mezcla y surgencia.
Las aguas profundas, frías y cargadas de nutrientes ascienden hacia las capas iluminadas por el sol. Allí alimentan al fitoplancton, la base de una gigantesca cadena alimentaria.
Y donde existe alimento, aparece la vida.
Plancton, sardinas y anchovetas alimentan a peces de mayor tamaño; estos atraen a delfines, lobos marinos, tiburones, marlines y aves marinas. Grandes filtradores, como las mantas oceánicas gigantes y el tiburón ballena, también aprovechan esta extraordinaria productividad. Y diferentes especies de cetáceos encuentran alimento en estas aguas, desde delfines y cachalotes hasta algunas de las criaturas más grandes que han existido en nuestro planeta: las ballenas.
Esta combinación entre desierto y océano, grandes profundidades y aguas extraordinariamente productivas convirtió al Golfo de California en uno de los ecosistemas marinos más singulares del planeta.
Décadas después, aquella riqueza quedaría ligada para siempre a una expresión atribuida a Jacques Cousteau:
“El Acuario del Mundo”.
Cousteau regresó al Mar de Cortés en 1987, esta vez a bordo del Alcyone. Pero el propósito de aquella expedición ya no era únicamente mostrar la extraordinaria biodiversidad del Golfo.
Había otra historia que contar.
La presión pesquera estaba aumentando y algunos de los ecosistemas que habían maravillado a los exploradores comenzaban a mostrar señales de deterioro.
Durante aquella expedición, el equipo documentó nuevamente la impresionante vida marina del Golfo —mantas, tiburones ballena, delfines, marlines, peces espada y medusas, entre muchas otras especies—, pero también puso atención sobre las consecuencias de la sobrepesca y la creciente presión humana sobre este ecosistema.
La historia del “Acuario del Mundo” comenzaba entonces a adquirir otro significado.
Ya no se trataba solamente de descubrir un lugar extraordinario.
Se trataba de comprenderlo para poder conservarlo.
Hoy, casi cuatro décadas después de aquella expedición, seguimos teniendo el privilegio de navegar por estas aguas y encontrarnos con una biodiversidad excepcional.
En lugares como Isla Espíritu Santo, San Rafaelito, La Reina o Cerralvo —hoy oficialmente Isla Jacques Cousteau— todavía podemos observar algunos de los animales que hicieron célebre al Mar de Cortés.
Pero ese privilegio también implica una responsabilidad.
Porque quizás la pregunta ya no sea solamente por qué Jacques Cousteau llamó a este lugar “el Acuario del Mundo”.
La pregunta que nos corresponde responder ahora es:
¿qué podemos hacer para que siga siéndolo?



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